Este año la tan cacareada crisis, casi siempre hasta el exceso, nos obliga, al menos a nosotros, a reducir el gasto destinado a las vacaciones, así que lejos de mis deseos de coger el avión y marchar a alguna isla Italiana como Cerdeña donde abandonarme al sol y los placeres conteplativos de la vida en posición horizontal y a ser posible bajo sombrilla cerca de un mar azul turquesa y dejando pasar las horas sin prisa entre pasta italiana, sabrosas pizzas y abundante marisco; hemos decidido coger el coche y quedarnos por aquí cerquita.
El coche, sí, esa máquina contaminante rayano en lo diabólico que mientras los gobiernos premian su compran con descuentos de hasta 2000 euros, pienso yo que equivocadamente pues es un mal pretexto para salir de una crisis creada por otras causas, otros, de corte más responsable y medioambiental la castigan, desde lo moral, diciéndonos que nos vamos a crugir el planeta. Además cada día que pasa tenemos el más difícil todavía pues determinados organismos de origen digo yo que perverso se empeñan en dificultar al máximo su uso bien por la imposición de caros peajes, sobre todo en Catalunya, que digo yo debe ser o bien un país abarrotado de ricos dispuestos a pagar donde ninguna otra comunidad paga o de mudos porque apenas se oye protesta al respecto, o bien por el alto precio de los combustibles y el creciente afán recaudatorio de las autoridades que pretenden recuperar las arcas del país a la par que amortizan los caros radares de velocidad que florecen cual mala hierba en rectas de escaso o nulo peligro, sancionando al despistado y no al temerario, en fin… Todo sea por la seguridad de todos.
Sin más dilaciones hemos subido al coche, antiguo símbolo de prosperidad convertido hoy en nave de combate de contaminante pedorreta y antes de un par de horas nos hemos plantado en la localidad de l’Escala sita en Girona y bañada por el mediterráneo.
Una vez allí comprobarás que la oferta de hoteles en L’Escala no es muy amplia pues se trata de un pequeño pueblecito pesquero que si bien ha crecido lo ha hecho poco y con cierta medida, seguro que esto se debe más a las limitaciones geográficas que a las intenciones de los partidos políticos de turno que han gobernado en este pequeño pueblo costero- La Escaña se encuentra rodeado por el sur por una pequeña cadena de montañas y por el norte por la zona de Empurias, con todo su patrimonio artístico, piedras viejas reseña de antiguas civilizaciones, totalmente intocables que frenaron en seco en su día las ambiciones urbanísticas.
Además l’Escala colinda con un gigantesco parque o reserva natural, els Aiguamolls de l’Empordà un parque que acoge creo que hasta un total de cinco municipios, entre ellos, Castelló d’Empuries, Roses, Sant Martí d’Empuries, Empuria Brava i la propia Escala.
Para nuestras vacaciones y tras ver la escasa y cara oferta que encontramos optamos por un apartamento en alquiler a través de una conocida web de compra venta de segunda mano donde existe un gran apartado de alquileres, contactamos directamente con el propietario, nada de agencias ni turoperadores, de tú a tú, eh!
El apartamento, era un ático con buenas vistas a 800 metros del centro y de la playa más cercana, era un quintazo sin ascensor, pequeño aunque cuco y que disponía de una habitación con dos camas individuales, una cocina más o menos equipada, un lavabo con ducha, un salón comedor con sofá cama, una gran terraza, sin aire acondicionado y muebles de juguete, a decir verdad todo era algo de juguete, incluso el precio, 300 euros por 7 noches, cuando cualquier otro apartamento en la semana de Sant Joan, día festivo y verbena en toda Cataluña, es decir la última semana de junio te cuesta de los 400 para arriba y este además incluía plaza de parking, una bendición porque aparcar en la Escala no es nada fácil ya que entre otras artimañas del poder hay que decir que a partir del 15 de junio se abre la veda, es decir la zona azul, otra de las trampas recaudatorias, discutible, muy discutible.
Una ventaja añadida de nuestro apartamento en alquiler en la Costa Brava fue el poder contratarlo de lunes a lunes pues aún no se bien porque casi todas las agencias a las que telefoneé te exigían de sábado sábado obligándote a chuparte caravanas de fin de semana por partida doble, al subir a L’Escala y al bajar; nosotros en cambio llegamos un lunes, ya relajados y sin tráfico alguno, justo para recoger las llaves del apartamento dejar las cosas en el armario empotrado, el único armario del que disfrutaba nuestro apartamento de la Escala y partir a la caza de un buen menú para empezar nuestra semana de vacaciones en la playa en este bonito pueblo pesquero de la Costa Brava.
Enlaces de interés:
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