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Restaurant La Antigua

Saturday, January 22nd, 2011

Mucho habíamos leído en internet sobre este romántico restaurante barcelonés ubicado en la zona alta, infinidad de comentarios, creo que en la web del eltenedor.es tenía exactamente 375 , la mayoría de ellos entre excelencias y muy buenos relatos sobre este restaurane. La realidad ha sido bien distinta, vayamos por partes, primero los puntos negativos con el fin de desmitificar el lugar y luego los positivos, que los tiene, aunque a un precio muy alto.

En los comentarios que hay sobre el restaurante La Antigua se dice que el local es algo ruidoso, bueno pues sí, porque de una mesa a otra hay escaso un palmo y sólo con que alguien se contente más de la cuenta te dan la noche. El ambiente es pijín supuestamente repleto de comensales novatos que llegan a través de lo que leen por la red pues si hay de los que repiten es porque no han sabido encontrar mejor lugar, pues los hay, sin lugar a dudas.

El lugar es muy acogedor la decoración muy acertada, las mesas son muy bonitas y románticas, eso si pedid que no os coloquen al lado de la ventana pues acabarás siendo todo un comensal escaparate, pues aquellos que pasen por el lugar verán tu cuerpo serrano llenándose de los escasos manjares que sirven, aquí el romanticismo del lugar se parte en dos, también huye de la primera mesa pues está de más ya que se encuentra a escasos 50 centímetros de la puerta de entrada una puerta que le da al local un aire… más que un aire un vendaval de esos que te hacen asomar los pezones como periscopios, pues ayer con el frío que caía en la ciudad condal cada vez que se abría la puerta acababas mirando de forma desafiante al que entraba. El local tiene tres estancias, la primera sala la de entrada es en la que cenamos y tan sólo un par de mesas quedaban a cubierto del aire o la visión de los transeúntes, la segunda es el pasillo que lleva a la tercera, un pasillo ancho pero justo al lado de unos malolientes servicios, bonitos, pero sinceramente con muy mal olor, será por las cloacas o por no se que se yo pero es inaceptable, la tercera y última sala es quizá la mejor. El local abre a las 21.00H y a las 21.10H probablemente esté lleno.

El servicio, numeroso, muy rápido y correcto quizá el metre algo altivo pues se molestó al pedirle cambio de mesa, pues de escaparate yo, si no me pagan nada.

Los platos, cubiertos, manteles y demás utensilios para nutrirse son de primera calidad y con una estética más que cuidada, la carta es correcta con frases que te quieren animar a comentar lo que te ha parecido, como asegurando que te escuchan, mentira.

La teca, que es lo que más importa en un restaurante, da la razón a alguno de los comentarios que pueblan la red sobre La Antigua, en ellos se dice que las raciones son cortas y eso muy a mi pesar resulta ser verdad, si te gusta saciarte, si eres de los de comer, escoge otro lugar. Platos gigantes para raciones escasas.

La variedad de la carta anda algo escasa, unos 8 primeros y 8 segundos a escoger, los primeros, ensaladas y cremas, normalitos, yo escogí una combinación de calabacín con queso y no se que más que me recordaba demasiado a los calabacines a la plancha que me preparo, sabrosos pero no excelentes, los segundos parecen prometer más mitad carne mitad pescado, opté por la consabida y renombrada hamburguesa al foie una hamburguesa que es, grande, pero que por 18 euros se queda corta ya que el foie se lo deben enseñar a la hamburguesa a una prudente distancia para ver si coge algo de olor, porque al menos la mía por descuido o por escasez sabía a simple y llana hamburguesa mixta de ternera y cerdo, una hamburguesa sin más emoción que la de un corto nido de cebolla caramelizada sobre el que descansaba y unas minúsculas patatas esféricas, mi mujer en cambio se atrevió con una pechuga de pato, un pato al que si le hubiera quedado tan sólo una pluma hubiese salido volando por la misma puerta que nos enviaba los consantes y gélidos mensajes invernales, no le preguntaron si lo quería al punto o si lo quería como mascota, vivito y colenado porque estaba crudo y excesivamente sagnilolento, nos equivocamos ambos y el postre bueno pero sin solventar el agravio.

Muy por debajo de las expectativas creadas, en La Antigua se cena normal,  con una carta corta unas raciones más cortas y todo a un precio caro.

El descuento que consigues a través del tenedor es de un 10%, unos 6 euros en un cena media, como la nuestra que sin botella de vino nos ha costado del orden de 80 euros, un descuento que figura en la factura como Descuento cliente, y para acceder a él no hace falta presentar la reserva, sólo dando el nombre de la persona que hizo la reserva y obviamente diciendo que vienes de eltenedor.es es suficiente.

La Esquinica tapas en Barcelona

Saturday, October 16th, 2010

wpid IMAG0009 La Esquinica tapas en Barcelona

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Un  momento… mmm, dejadme saborear estas deliciosas patatas bravas, en seguida termino, mmm…

Bravas, la tapa reina del país de las tapas, ¡arriba la bravarquía! ‘abajo la monorgía! ¿o no era así? En este país patatas bravas las hay por doquier pero como las de La Esquinica, sinceramente ningunas.

Que sí, que sí… que en tú barrio o en tú pueblo hay un bar que las hacen para hacerle la ola al cocinero, pues nada házsela pero no salpiques. Esto, precisamente es lo que me dicen muchos amigos y conocidos, y en muchas ocasiones y sin apenas esfuerzo por mi parte me he dejado invitar gustosamente y las he probado, en cuatro o cinco ocasiones a lo sumo me he dicho a mi mismo: ¡óle que ricas!

Esto pasa hasta que un buen día vuelvo al barcelonés bar de la Esquinica, regentado por un hombre ya mayor, bajito, pillo y muy maño, el mañico como le llamo yo, y es cuando entonces me digo, esta y sólo  esta es la auténtica referencia patatobravil ibérica de pura raza, son casi siempre perfectas en su sabor, no en su cantidad, ¡hay mañico que eres del puño aunque cantes una tras otra jota!

Creo que voy a acabar convirtiendo este artículo en una oda, aunque sin métrica, a las patatas bravas más que en lo que debería de ser, una reseña del bar La Esquinica sito en la calle Fabra i Puig de Barcelona, así que sin quererlo os voy a hablar de mis experiencia bravera, que no es poca.

Hace ya años dejé el tabaco, luego el alcohol, pero mis patatas bravas ¡no!, para mi eso es auténtica droga dura para el body, un deleite sin igual para todos mis sentidos y un momento de excelsa felicidad asegurada, total por un poco de colesterol merece la pena probar la fruta, bueno mejor dicho, el tubérculo prohibido, sí, soy el  monstruo de las patatas, reencarnado en ese amigo que aún siendo un buen chaval debes de vigilar cuando estás junto a él en la terraza de un bar pues tenedor siempre en ristre acabará con la tapa de bravas antes de que estas se enfrien y antes de que tu engullas la primera.

Así que tras mostrar mis credenciales y mi total entrega a las patatas bravas os diré que de todas las bravas que he probado y las pruebo allá donde quiera que viaje, en Siberia no of course, las mejores son las que se hacen en Catalunya, quizá por eso que los catalanes llaman el alioli, pues por todos es sabido que la patata más buena está en Galicia, pero está salsa catalana que acompaña las patatas bravas donde mejor está es en Catalunya un ungüento maravilloso, repito, un ungüento maravilloso, repito un ungüento maravilloso, repito… ¿se nota el ajo?

Así a bote pronto (se dice así) os puedo decir que las bravas de las Esquinica son todavía las mejores bravas de España, y esto Lo digo tras más de 20 años de ardua investigacion, donde las segundas mejores son las del Bar Tomas en Sant Gervasi, también en Barcelona mucho más colestorosas. Luego recuerdo unas en la calle Balmes de la misma ciudad, un Bar que hacía esquina con Aragón, se llamaba Santander y me llevó un amigo, las bravas eran a lo burro, sin pelar cortadas en lonchas y con un salsa de olé. Por otro lado  en Ibiza encontré un sitio donde me sorprendieron, pero no recuerdo el nombre del local.

Tras conferir mi amor a tan afortunado tubérculo, sinónimo del fin de todo hombre, no de la mujer, volveré a la reseña en sí porque en La Esquinica de Barcelona además de las bravas hay multitud de “tapicas”, “tapicas” como llaman ellos, desde el excelente pescaico del ebro a los champiñóncicos de París, pasando por las chirlicas y algunas otras más, eso sí, como las bravas ninguna.

Las raciones son entre pequeñas y minúsculas, por menos de 8 euros por barba te quedas con hambre, si llegas pasadas las 20.00H a tocar te espera, y si no fíjate en la calle, justo al lado, como en a foto que acompaña a este artículo, hay una “Salica de Espera”, y no es broma, si llegas a las 21.00H tendrás que esperar sobre una hora, dan número y es probable que hayan más de 30 mesas esperando por delante de la tuya, reservar no reservan a menos que seas famoso. Tienen comedor interior como el de la foto, y una terraza mediana que abren casi todo el año.

Como puntos negativos, además de la escasa cantidad de la raciones, la espera comentada también hay que subrayar el pressing al que te someten para que te largues cuanto antes, y algún camarero estirado y patillero que va de perdonavidas.

Los puntos positivos son por este orden, las patatas bravas, la salsa de las patatas bravas, la segunda ración de bravas que te vas a pedir, la salsa de las segundas bravas que te vas a pedir, y bueno, por decir algo más el trato de la mayoría de los camareros, a excepción del estirado patillero y el ambiente braverofestivo que hay en el lugar.

Fiestas de Gracia Plaça de Rovira i Trias

Monday, August 23rd, 2010

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Bonita a la par que reciclada ornamentación la decoración de ests plaza dsl barrio de Gràcia en Barcelona.

La decoración recuerda a un sistema planetario compuesto por planetas semitranslúcido realizados a base de porexpan pintado y botellas de agua mineral deconstruídas.