



Un momento… mmm, dejadme saborear estas deliciosas patatas bravas, en seguida termino, mmm…
Bravas, la tapa reina del país de las tapas, ¡arriba la bravarquía! ‘abajo la monorgía! ¿o no era así? En este país patatas bravas las hay por doquier pero como las de La Esquinica, sinceramente ningunas.
Que sí, que sí… que en tú barrio o en tú pueblo hay un bar que las hacen para hacerle la ola al cocinero, pues nada házsela pero no salpiques. Esto, precisamente es lo que me dicen muchos amigos y conocidos, y en muchas ocasiones y sin apenas esfuerzo por mi parte me he dejado invitar gustosamente y las he probado, en cuatro o cinco ocasiones a lo sumo me he dicho a mi mismo: ¡óle que ricas!
Esto pasa hasta que un buen día vuelvo al barcelonés bar de la Esquinica, regentado por un hombre ya mayor, bajito, pillo y muy maño, el mañico como le llamo yo, y es cuando entonces me digo, esta y sólo esta es la auténtica referencia patatobravil ibérica de pura raza, son casi siempre perfectas en su sabor, no en su cantidad, ¡hay mañico que eres del puño aunque cantes una tras otra jota!
Creo que voy a acabar convirtiendo este artículo en una oda, aunque sin métrica, a las patatas bravas más que en lo que debería de ser, una reseña del bar La Esquinica sito en la calle Fabra i Puig de Barcelona, así que sin quererlo os voy a hablar de mis experiencia bravera, que no es poca.
Hace ya años dejé el tabaco, luego el alcohol, pero mis patatas bravas ¡no!, para mi eso es auténtica droga dura para el body, un deleite sin igual para todos mis sentidos y un momento de excelsa felicidad asegurada, total por un poco de colesterol merece la pena probar la fruta, bueno mejor dicho, el tubérculo prohibido, sí, soy el monstruo de las patatas, reencarnado en ese amigo que aún siendo un buen chaval debes de vigilar cuando estás junto a él en la terraza de un bar pues tenedor siempre en ristre acabará con la tapa de bravas antes de que estas se enfrien y antes de que tu engullas la primera.
Así que tras mostrar mis credenciales y mi total entrega a las patatas bravas os diré que de todas las bravas que he probado y las pruebo allá donde quiera que viaje, en Siberia no of course, las mejores son las que se hacen en Catalunya, quizá por eso que los catalanes llaman el alioli, pues por todos es sabido que la patata más buena está en Galicia, pero está salsa catalana que acompaña las patatas bravas donde mejor está es en Catalunya un ungüento maravilloso, repito, un ungüento maravilloso, repito un ungüento maravilloso, repito… ¿se nota el ajo?
Así a bote pronto (se dice así) os puedo decir que las bravas de las Esquinica son todavía las mejores bravas de España, y esto Lo digo tras más de 20 años de ardua investigacion, donde las segundas mejores son las del Bar Tomas en Sant Gervasi, también en Barcelona mucho más colestorosas. Luego recuerdo unas en la calle Balmes de la misma ciudad, un Bar que hacía esquina con Aragón, se llamaba Santander y me llevó un amigo, las bravas eran a lo burro, sin pelar cortadas en lonchas y con un salsa de olé. Por otro lado en Ibiza encontré un sitio donde me sorprendieron, pero no recuerdo el nombre del local.
Tras conferir mi amor a tan afortunado tubérculo, sinónimo del fin de todo hombre, no de la mujer, volveré a la reseña en sí porque en La Esquinica de Barcelona además de las bravas hay multitud de “tapicas”, “tapicas” como llaman ellos, desde el excelente pescaico del ebro a los champiñóncicos de París, pasando por las chirlicas y algunas otras más, eso sí, como las bravas ninguna.
Las raciones son entre pequeñas y minúsculas, por menos de 8 euros por barba te quedas con hambre, si llegas pasadas las 20.00H a tocar te espera, y si no fíjate en la calle, justo al lado, como en a foto que acompaña a este artículo, hay una “Salica de Espera”, y no es broma, si llegas a las 21.00H tendrás que esperar sobre una hora, dan número y es probable que hayan más de 30 mesas esperando por delante de la tuya, reservar no reservan a menos que seas famoso. Tienen comedor interior como el de la foto, y una terraza mediana que abren casi todo el año.
Como puntos negativos, además de la escasa cantidad de la raciones, la espera comentada también hay que subrayar el pressing al que te someten para que te largues cuanto antes, y algún camarero estirado y patillero que va de perdonavidas.
Los puntos positivos son por este orden, las patatas bravas, la salsa de las patatas bravas, la segunda ración de bravas que te vas a pedir, la salsa de las segundas bravas que te vas a pedir, y bueno, por decir algo más el trato de la mayoría de los camareros, a excepción del estirado patillero y el ambiente braverofestivo que hay en el lugar.


