Finisterrae o el cabo de Finisterre, es aquel punto donde hace ya unos siglos la tierra conocida se acababa.
Salimos de Muros hasta allí evitando de forma increíble y equivocada parar en las hermosas y turquesas playas de arena blanca, la próxima vez pararé y aunque el termómetro no indique más allá de los 22 grados intentaré darme un rápido baño en tan cristalinas aguas.
Como la mayoría de turistas muchos dejarán el pueblo de Fisterrae a un lado para ir directamente al faro, desde él podrás disfrutar de unas buenas vistas, lo de buenas se queda en eso, buenas pues han resultado por debajo de lo esperado.
En el interior del faro encontramos una breve y gratuita
exposición de fotos y cuadros, nada excepcional pero se agradece.
Como curiosidad os contaré que en este paraje de Finisterre se encuentra una piedra con la indicación de kilómetro cero coma cero. Justo antes de llegar al faro hay un pequeño recinto donde podrás comprar conchas, y otros recuerdos al más puro estilo mercadillo.
En escasa media hora estarás deshaciendo el
camino en busca del desvío que te lleve a la imprescindible iglesia de Muxia.












